«La patria no son las banderas, ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.»
Mario Vargas Llosa
Bienvenidos a este espacio de reflexión personal.
Vivimos en una zona de turbulencias informativas, que no son más que el reflejo de las turbulencias políticas, económicas y tecnológicas que nos acechan en este principio de siglo XXI. Estamos «infoxicados» (permítanme el palabro) con una permanente avalancha de noticias que se suceden a un ritmo vertiginoso. Las redes sociales, en vez de contribuir al debate, a menudo idiotizan al alentar la superficialidad…
No obstante, las nuevas tecnologías brindan también la oportunidad de publicar columnas de opinión antes reservadas a unos pocos privilegiados. En estos tiempos difíciles para el país en el que viven los míos, mi aspiración es aprovechar esta columna para hacer una pausa de vez en cuando en mi tiempo libre y exponer con serenidad y con rigor, dentro de mi radio de alcance, mi voz sobre los asuntos que me parezcan de interés. Y, cómo no, inherente a todo ejercicio de ego de este estilo, dejar en el lector un poso, como el que se observa en la taza después de saborear un reparador café.
Al tratarse de un espacio abierto, son bienvenidas las contribuciones, incluso discrepantes, siempre y cuando sean respetuosas.
A quienes se acerquen con curiosidad, gracias. A quienes se acerquen con cariño, un abrazo. Pasen, por favor, pasen y lean.
Cordialmente,
TFA

